Calisto «el Maula» lo llamaban.
Nació en el barrio de San Martín. No le gustaba trabajar, solo pescaba por gusto y para llenar la barriga.
Le gustaba visitar casa ajena para comer lo que se terciase. Probaba, opinaba y se marchaba.
Un día desapareció, algunos dicen que una deuda otros que un marido enfadado.
La cosa es que se subió a un barco y tardó 20 años en volver. Regresó contando historias de ingredientes, platos y brebajes que nadie conocía.
Como pocos lo creían abrió una tasca para demostrar lo que decía.